Artritis reumatoide

Evolución y manifestaciones clínicas.

Aunque no se conoce una causa precisa de origen, conocemos muy bien las alteraciones de los tejidos corporales asociadas con la artritis reumatoide. Esta enfermedad comienza con una inflamación de la membrana sinovial (una especie de revestimiento interno en las articulaciones) asociada con el depósito de proteínas (fibrina). El proceso inflamatorio del sinovio, que pronto también se extenderá a los tendones, bolsas y ligamentos, produce una gran cantidad de líquido que se vierte en la articulación. En condiciones normales, este líquido, llamado sinovial, es importante para garantizar la nutrición del cartílago articular y proteger la articulación de los impactos. Cuando es excesivo, sin embargo, causa hinchazón articular generalizada; Característica es la de los dedos, que asumen la forma típica del huso.

La persistencia de la inflamación conduce a un crecimiento de tejido inflamatorio hacia el centro de la articulación, que también se extiende lentamente a los tendones y ligamentos circundantes, que aparecen engrosados ​​e hiperémicos. El proceso degenerativo también afecta el cartílago articular, que se erosiona en profundidad con la participación del hueso subyacente, con la formación de quistes. Con el paso del tiempo se crónica la flogosis, con el paso del tejido inflamatorio al tejido fibroso o cicatrizado. El engrosamiento resultante de los tejidos intraarticulares, asociado con la degeneración e hinchazón del cartílago, reduce significativamente la movilidad articular.

diagnóstico

El diagnóstico de la artritis reumatoide comienza con un historial médico preciso, seguido de un examen físico. Escuchando las quejas del paciente o haciéndose preguntas, el especialista busca elementos útiles para formular su propio diagnóstico. Esta visita preliminar, asociada con algunos análisis de sangre simples, suele ser suficiente para diagnosticar la artritis reumatoide.

En cuanto a los análisis de sangre, buscaremos todos los parámetros involucrados en la génesis del proceso inflamatorio. Por lo tanto, deberá evaluarse el coeficiente de sedimentación, que tiende a ser alto en sujetos con artritis reumatoide. Otros análisis de sangre de gran interés están dirigidos a la detección de anticuerpos particulares, como el llamado factor reumatoide (RF) y el péptido citrulinate anticílico (anti-CCP). Dichos anticuerpos suelen estar presentes en la sangre de los afectados por esta forma artrítica particular, incluso si algún sujeto escapa a esta correlación. También se ha encontrado que los niveles altos de factor reumatoide y anticuerpos anti-CCP durante las etapas tempranas de la enfermedad parecen estar asociados con un mayor riesgo de daño articular grave. Finalmente, los mismos elementos se encuentran en la sangre de las personas afectadas por infecciones crónicas, como la tuberculosis u otras formas reumatoideas de base inmunológica, como el lupus o el síndrome de Sjogren.

Los niveles elevados de ferritina asociados con anemia son comunes en los casos de artritis reumatoide.

En otros casos, el médico puede tomar una pequeña muestra de líquido de la articulación, en la que se realizarán pruebas para descartar la presencia de otras enfermedades.

Los exámenes radiológicos se realizan a intervalos de tiempo regular para monitorear la evolución del daño articular.

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